Durante el de este año Copa del Mundo, una escena se repite partido tras partido: varios jugadores salen al campo con agujeros en las pantorrillas de los calcetines. Las redes sociales están llenas de teorías sobre la supuesta ventaja competitiva que les podría dar. Pero la práctica no es nueva. Se ha visto en los Campeonatos de Europa, los Juegos Olímpicos y otras competiciones internacionales en la última década. Sin embargo, la ciencia aún no ha encontrado pruebas que mejoren el rendimiento.
Los calcetines de fútbol profesionales, por diseño, se ajustan a la forma. Además de sujetar las espinillas en su sitio, apoyan el tobillo, el arco del pie y la pantorrilla; ayudan a gestionar la humedad y reducen el movimiento del pie dentro de la calzada para mejorar la estabilidad. Este principio de diseño se ha utilizado en el fútbol profesional durante décadas. Aunque los materiales han evolucionado para volverse más ligeros y duraderos, todavía se basan principalmente en fibras sintéticas como el poliéster, el nylon y el elastano.
Pero muchos jugadores se han quejado de que los calcetines están demasiado ajustados y provocan una sensación de hormigueo y entumecimiento en la zona de la pantorrilla. El malestar es tal que, a mitad de un juego, cortan varios agujeros en la zona de la pantorrilla para “liberar tensión” y correr mejor.
Hay un componente biomecánico en esa sensación. Durante un sprint o un cambio de dirección, el mayor músculo de la pantorrilla se contrae y aumenta de grosor para generar la fuerza que impulsa al deportista hacia adelante. Este cambio de forma se produce miles de veces durante un juego. Para algunos, la expansión repetida del músculo es suficiente para crear una sensación de presión cuando el calcetín ejerce una compresión constante sobre el becerro.
Con el tiempo, la práctica de cortar agujeros en los calcetines ha adquirido una explicación casi intuitiva entre los propios jugadores: dividir el tejido permite que el músculo "respire", alivia la presión y reduce la probabilidad de dolor o calambres. Sin embargo, los especialistas en medicina deportiva y recuperación señalan que no hay estudios que demuestren que hacer agujeros en los calcetines aporte ningún beneficio. De hecho, gran parte de la investigación sobre piezas de compresión concluye que, cuando se diseñan y ajustan correctamente, pueden ayudar a limitar la inflamación muscular después de un esfuerzo intenso.
Pese a la falta de evidencia sobre los beneficios fisiológicos, la práctica sigue extendiéndose entre los futbolistas profesionales. Hoy en día, se considera principalmente un fenómeno anecdótico, basado en la experiencia personal de cada jugador más que en la evidencia científica. Además, las reglas del juego no prohíben modificar los calcetines, siempre que el equipo se mantenga seguro y las espinillas estén debidamente cubiertas. (Un jugador de fútbol, sin embargo, no puede jugar con una camiseta rota.)
Ante la falta de evidencias científicas, varios especialistas creen que parte del fenómeno podría explicarse por la propia percepción del confort del jugador. En los deportes de alto rendimiento, la sensación de comodidad puede influir en la confianza con la que compite un deportista. Si un jugador de fútbol cree que una prenda es restrictiva, eliminar esa incomodidad percibida puede hacerle sentir más libre para correr, acelerar o cambiar de dirección, incluso si su rendimiento se mantiene objetivamente sin cambios.
Aunque no hay pruebas de que cortar los calcetines proporcione una ventaja competitiva o reduzca el riesgo de lesiones, esto no significa que la sensación de malestar sea imaginaria. La percepción de presión, restricción o comodidad depende de múltiples factores que van desde la anatomía y la sensibilidad individual hasta las experiencias pasadas del deportista. En otras palabras, dos jugadores pueden reaccionar de forma distinta mientras llevan exactamente el mismo equipo.
De momento, parece que el corte de calcetines va a continuar. La evidencia disponible apunta a un mecanismo similar al de otros rituales deportivos: su efecto es principalmente psicológico, no necesariamente fisiológico.
Este artículo apareció originalmente en WIRED en Catalán y ha sido traducido del español.

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